CULTURA POLÍTICA EN LA ARGENTINA DEL 2001
La década de los 90 para la Argentina , se puede señalar como traumática, gracias al desarrollo del modelo de apertura de corte neoliberal, el cual condujo a una crisis bancaria y financiera en el 2001.
Ante esta situación de crisis o descontento sobre las organizaciones, existen prácticamente tres roles que asumió la población, salir del país, la voz de la reclamación o el silencio[1]. Aunque se generó un abarrotamiento en los consulados para intentar migrar principalmente a Europa, la voz de la reclamación fue la conducta que realmente asumió la Argentina.
Bajo esta crisis que tuvo un corte económico, las consecuencias pueden tener un impacto directo en el desarrollo de los imaginarios políticos y de democracia por parte de la sociedad argentina. Las movilizaciones, cacerolazos e inclusive nuevas formas de organización civil, se presentan como una manifestación visible.
Existen diferentes elementos que prevén el cambio de la cultura política de una sociedad como el cambio generacional, una situación traumática que exige comportamientos y prácticas diferentes o una alteración del costo beneficio de las conductas y acciones que se desarrollan en la sociedad[2].
Estos elementos se pueden sumar a la situación de la Argentina o se pueden presentar de una forma excluyente. Por lo tanto el debate se centrará en determinar si se puede hablar de un cambio real de la cultura política o por el contrario las conductas presenciadas en el 2001 son una simple manifestación que no afecta las costumbres políticas argentinas.
VIEJO ROL
Es notable que la visión en contra del Estado y la búsqueda de nuevos medios de representación no son parte exclusivamente de la crisis suscitada en el 2001 o de la situación económica de la década de los noventa.
El rol antipolítico, que se puede manifestar por medio de los cuestionamientos a la clase dirigente o al Estado, además de la búsqueda de otros medios fuera del corporativismo político para defender los intereses sociales, parece que se mantienen constantes a lo largo del tiempo.
Ejemplo de esto fueron los millones de emigrantes que no pudieron encajar de lleno en los procesos electorales, además de las formas de organización civil, como los gremios o los sindicatos, tampoco jugaron un papel de integración del ciudadano en la vida política. En la década de los treinta, los grupos católicos e ideológicos nacionalista, repudiaban la política burguesa y en la época del peronismo se apelaba precisamente a un discurso en contra de la burguesía y los doctores. Esto también se refleja en los noventa, donde las victimas de los procesos de apertura y privatización, realmente no esperaban soluciones por parte del aparato político ni sindical[3].
Ferrer señala que existe en la cultura política de la Argentina una transmisión de valores e imaginarios, que se encarna y arrastra de generación en generación, citando precisamente que la baja participación en los asuntos públicos, se mantiene y mantendrá gracias a esta transmisión.
Algunos de los valores mas importantes de la cultura política de la Argentina , nacen por medio de los emigrantes europeos, los cuales habían experimentado una convivencia con regimenes autocráticos y con poder arbitrario, representados en figuras de autoridad como los señores feudales. Esta experiencia aparentemente se traspasa, siendo una característica del argentino que se someta si lo obligan, en relación con líderes que derrochen carisma y se revelen ante la autoridad o el sistema. Esto está presente inclusive con los criollos, que temían la llegada de la autoridad, representada en los caudillos o militares, por lo tanto la desconfianza a los regimenes y a la autoridad, no es un invento moderno. Esta desconfianza también se sitúa en los votos, por candidatos que no son la mejor opción, debido a que el escenario político se muestra como un medio de ganancia personal o corrupción, lo público es algo sucio y lo privado es virtuoso[4].
Precisamente un ejemplo de esto tipo de alusiones se establece en una sociedad que recurre frecuentemente a su memoria histórica y símbolos, para recordar a figuras como Hipolito Irigoyen o Eva Perón, que representan figuras de honestidad.
Esta percepción del campo político se mantuvo inclusive en la década de los noventa, donde el interés en el ámbito público, se desplazo al privado y económico, siendo este el espacio más importante para resolver las necesidades y demandas de la sociedad.
Este sentimiento en contra del aparato político y estatal, es precisamente la voz que se levantó en el 2001, en contra del sistema y que acude no a un cambio de la cultura política, sino a reforzar la tendencia en contra de lo público.
Lo anterior muestra simplemente que los imaginarios políticos en la Argentina , se mantienen con el paso del tiempo y gracias a los actores políticos, se conserva inclusive en crisis como la del 2001. No es para nada nuevo situaciones como los cacerolazos o manifestaciones, se puede recordar fácilmente las movilizaciones de 1945 en tiempos de Perón o después de la dictadura en los ochenta.
NUEVO ROL
Los hechos del año 2001, se presentan como una oportunidad de cambiar el orden y la cultura política de la sociedad argentina, pues a lo largo de sus historia, en especial en la dictadura, se prefería el orden y el progreso económico, que el fortalecimiento de la democracia tal como lo señala Echegaray(2002)[5], haciendo referencia a O´Donell(1973, 1982). Esta misma tendencia se puede sumar a la década de los 90, sin embargo en el 2001, precisamente el debacle económico da la posibilidad a reforzar de mayor forma la democracia, impactando inclusive la cultura política y las concepciones de lo publico y lo privado.
Algunas condiciones como una burguesía consolidada, la convivencia en democracia y un nuevo cálculo racional, son vitales para el fortalecimiento de la democracia.[6]
Primero porque es necesario que la burguesía se vincule de lleno en las actividades cotidianas, tanto comerciales como de negociación, para que juegue de esta forma un rol en la sociedad.
La segunda condición se establece en ampliar y difundir la democracia, pero esto no se basa con que exista una orientación prodemocrática, sino que las personas efectivamente convivan bajo estas nociones y se comportan de forma positiva.
Finalmente, la ultima condición establece la posibilidad de desarrollar un juego de cooperación al interior de la sociedad, a partir de una relación costo beneficio, donde sea favorable la movilización colectiva a la individual o la corporativa, para la defensa de los intereses de la población, esto fomentara nuevas instituciones y genera una participación activa en la democracia.
Este tipo de condiciones se ven reflejadas precisamente en la Argentina del 2001 y el ejemplo mas claro que se suscita es la acción tomada por el gobierno del presidente De la Rúa , de confiscar las cuentas ahorros y corriente, que afectaron directamente a empleados públicos, profesionales independientes, empleados, pensionados, jubilados, entre otros. Esto fomento el reconocimiento de intereses comunes por parte de la clase media argentina, pues estaba en juego su supervivencia, lo anterior genero el reconocimiento de intereses comunes, fortaleciendo y cohesionado la burguesía. Ahora este reconocimiento trajo consigo la defensa de esos intereses, los cuales históricamente se habían delegado al Estado, sin embargo la confianza sobre este e inclusive otras organizaciones como los sindicatos, estaba completamente perdida, un nuevo calculo racional se planteaba y era actuar de forma individual y colectiva para esta defensa, no solo por medio de movilizaciones o cacerolazos, sino acudiendo de forma organizada al sistema judicial. Claro esta organización y movilización, se basa precisamente en el clima democrático donde los argentinos han empezado a comportarse como ciudadanos, reconociendo sus derechos y deberes, insumo necesario para desarrollar nuevos paradigmas.
La situación que expone la Argentina del 2001, acude precisamente al cambio de una cultura política, es claro que una nueva sociedad nace de la transición entre la dictadura y la democracia, obteniendo nuevos valores, la crisis económica que atenta contra la estabilidad social, lo que altera la conducta general asumiendo practicas colectivas, lo cual impacta la relación costo beneficio, siendo estas practicas una forma efectiva de proteger los intereses individuales, relegando la acción del Estado y las bases de la democracia delegativa, cambiando así la percepción del escenario publico.
CONCLUSIONES
A partir de las percepciones presentadas, es probable que los elementos de cambio de cultura que asumió la Argentina en el 2001 no perneen realmente la base de valores e imaginarios políticos.
Aunque se identifiquen una serie de intereses por parte de la clase media y se intenten defender de forma individual o colectiva, dejando de lado la representación del Estado y actores políticos, la concepción precisamente de lo público se mantiene, debido a que este terreno se mira con desconfianza y resentimiento.
El pueblo argentino tiene una percepción completamente negativa del ámbito político, por lo tanto no esperan ni han esperado, que el aparato político pueda suplir sus necesidades, es así como han recurrido a otro escenario que es el ámbito económico, por lo tanto la democracia delegativa que se cita no es tan real, debido a que la sociedad no intenta transferir competencias de lleno al Estado, sino que tiende ser indiferente a este y espera que sus acciones no afecten el mercado y la economía como tal.
El problema que se suscito en la década de los noventa con la aplicación del modelo neoliberal y sus consecuencias resaltadas en la crisis del 2001, expone precisamente que el campo de interacción donde se satisfacían las demandas sociales colapso y las medidas que tomo el Estado atentaron directamente con el ámbito privado. Esto genero una reacción por parte de la sociedad con diferentes matices ya fueran manifestaciones o saqueos, acciones individuales o colectivas, en defensa precisamente de lo privado, de lo económico, pero no con el objetivo de fomentar una mayor democracia o incorporarse en el ámbito publico.
Por lo tanto, este tipo de acciones tienden a ser temporales, pues a medida que en se mantenga el orden de lo privado, la relación con lo publico y la democracia se mantendrá. Por lo tanto la cultura política no se cambiara a medida que el aparato político pueda salvaguardar la instancia económica y si esta opción no es viable, se esperara por la llegada de un líder (populista normalmente), que si pueda asumir esta función.
BILBIOGRAFÍA
· Echegaray F. Razones para un optimismo politológico. NUSO 2002; 179 (6)
· Ferrer C, Vaca flaca y Minotauro. Ascenso y caída de la imaginación política argentina. NUSO 2002; 179 (6)
[3] Ferrer C, Vaca flaca y Minotauro. Ascenso y caída de la imaginación política argentina. NUSO 2002; 179 (6): 166-167
[4] Ferrer C, Op.cit., p. 168-169
[5] Echegaray F, Op.cit., p. 132

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